MI ENCUENTRO CON EL GAVIERO.
Por:A1Z30
Yeso rasgueaba la guitarra con armonioso ritmo acompañando la voz ronqueta de Topo, quien en aquel momento entonaba el alegre paseo llamado el Jornalero, Nizar estiraba y encogía su acordeón arrancando notas para acompañar al cantante, el otro componente del atípico conjunto era megateo quien tocaba las maracas, poniendo ritmo y colorido a la festiva reunión; Morthey aplaudió con frenesí inusitado mientras los demás miembros de la bohemia, acompañábamos a Topo en los coros. Fuera de los cantantes y Morthey, nos encontrábamos Paparazi, la Melliza, la Chilindrina, A.Guaduales y su séquito, Chasis, Orejas, Miller y otros eventuales,W Cuarenta también con su séquito, pujino, kurtd y otros que se me escapan. Este rito generalmente lo organizábamos los días lunes, era algo muy espontaneo y sin previsión, pero íbamos llegando sin ninguna pretensión. A las diez de la noche después de unas tres o cuatro canciones y cuando había más de diez contertulios, alguien recogió para el licor, cada uno aportaba según nuestra bonanza, pero siempre se recogía para la garrafa de aguardiente, no era sino parar la botella de licor para que la bohemia se creciera y se formaran grupitos de tres o cuatro alrededor de los cantantes.
Una noche de tantas, un poco pasadas las doce, apareció una caravana de carros de oficiales. Un rasgo característico de estas caravanas es que todas los vehiculos son oscuros, quizás por los antecedentes de sus ocupantes. Unos hombres descendieron y preguntaron por un mecánico. en algarabía unos recomendaron a sus preferidos, uno ofreció a Camilo Bolo, otro dijo que mejor era Almasanta, y otro más audaz se ofreció a llevarlos donde Gato Sucio. Dos carros de la caravana partieron con el guía, mientras los otros se estacionaron al frente del café del pueblo, unos hombres descendieron y se sentaron en las sillas del café; nosotros nos desentendimos y seguimos con nuestra furrusca. Unos de los personajes que descendió de los vehículos caminó parsimonioso, se acercó a nuestro grupo, mientras caminaba sacó un cigarrillo y lo encendió, expirando la primera boconada de humo con deleite, a pesar de nuestra indiferencia, todos nosotros estábamos pendientes de aquel hombre, cuando llegó hasta nuestro grupo, saludó con marcado acento extranjero. Todos contestamos casi a coro y hasta los cantantes pararon la música. – ¿Qué pasa muchachos por qué paran la rumba?
Morthey se quedó mirando al recién llegado y en un arranque de alegría, abrió los brazos y fue y abrazó a aquel hombre diciendo: - Hola Gaviero, ¿qué haces por estos lares? El llamado Gaviero apartó con suavidad al efusivo Morthey mirándolo detenidamente con cierto rictus de seriedad; de pronto su rostro se iluminó y abriendo las manos, estrechó a Morthey diciendo: - hola amigo no te había reconocido.
Todos nos miramos entre admirados y asombrados, mientras la pareja se salucitaba con sincera emoción.
Morthey se dirigió a mi aún con un brazo por encima del llamado Gaviero – Voz que no me creías que yo había andado con el Gaviero, cuéntales nuestra historia. La historia la voy a contar yo con las referencias que me narró Morthey: estábamos en el llano, a Morthey le tocó salir volado porque en una riña hirió a un llanero; por avatares de la vida fue a parar a la Guajira en plena bonanza marimbera; ahí fue contratado por el dueño de un barco para transportar un cargamento de café hasta New York. No teniendo más que hacer, había aceptado el trabajo; cuando las bodegas estuvieron repletas zarparon adentrándose en el mar Caribe. La ruta que escogió el capitán fue bordeando las costas centroamericanas, esto los llevó hasta costas nicaragüenses que en aquel momento se encontraba en plena revolución Sandinista; dos patrulleras somocistas descubrieron al bello A’more, como se llamaba el barco y en esta ondeaba la bandera costarricense. Las relaciones entre Nicaragua y Costa rica no pasaban por mejor momento; con rapidez los patrulleros encimaron al carguero haciéndolo detenerse para una requisa. En el horizonte apareció una pequeña cañonera para reforzar el accionar de las patrulleras .Los gendarmes nicas abordaron el barco e iniciaron una rigurosa inspección; realmente lo que buscaban eran armas o pertrechas. Para evitar que estas llegaran a los sandinistas. Cuando ya casi terminaban la inspección, en medio de cargamento descubrieron marihuana camuflada en medio de este. El capitán trató de sobornar a los guardias, pero estos intransigentes detuvieron a todo la tripulación. Fueron llevados por tráfico de drogas, para apoyar a los sandinistas. No valió ningún argumento y rápidamente fueron condenados.
Estando presos aparecieron, los amigos del Gaviero; Adul Bazur, Alejandro Obregón, Iliona Grascoba, Warda Bazúr, Morthey me contó que cuando vio la Warda Bazur, había sentido un corrientoso tan intenso y que no supo por qué desde aquel momento había quedado prendado de aquella mujer y cada vez que tenía oportunidad le pedía que me describiera a Warda y Morthey sólo balbuceaba un frenético éxtasis: - Es una diosa, es una reina, es…es…una hermosura de mujer.
Siguiendo el relato que me narró Morthey; los amigos del Gaviero no sin mucho esfuerzo lograron la libertad de la tripulación del bello A’more. Morthey fue repatriado a su país y de ahí, había perdido todo contacto con el gaviero.
Por un hado extraño, aquella noche a la bohemia del parque fueron llegando los consuetudinarios participantes, ahí asistían personajes de diferente posición social, desde el médico practicante hasta el embolador, y como si el Gaviero tuviera imán, fueron apareciendo personajes como el ingeniero acompañado del pintor y el diplomático, quienes en noches y de furrusca, un poco adelantaditos en licor aseguraban ser amigos del Gaviero, discutiendo en ocasiones con Morthey por la veracidad de su historia; cuando esto sucedía el diplomático contaba la anécdota de cómo había conocido al Gaviero: - estando de cónsul encargado en Caracas, había llagado Flor Estévez, solicitando un permiso para el Gaviero para viajar a Colombia. El diplomático se deshizo en elogios a Flor, coqueteándole galantemente, accedió concederle lo solicitado a cambio de ser él personalmente quien le entregara los papeles, a lo que Flor accedió complacida. Como a la una de la mañana apareció Loco H en su camioneta descendió de este con un cuncho de aguardiente en una botella.
Llegó hasta el grupo diciendo: -¿Qué es que celebran aquí? Repasando al grupo con la mirada. Cuando descubrió al Gaviero se apresuró a saludarlo y apropiándose de la bohemia con su vozarron característico sin ningún empacho, dijo: -Voy a contarles una anécdota que me pasó con este personaje; una vez lo invite a mi hacienda para que me ayudara a ordeñar, yo le pregunte que si sabía ordeñar y miren con la que me salió: que una vez le había tocado ordeñar a una delfina para poder sobrevivir y que al animalejo este le había gustado tanto la forma como lo había hecho que durante los quinde días que duró su naufragio, lo acompañó para alimentarlo. Y después dicen que yo soy el pajudo – remató, mientras todos reíamos del cuento y sobre todo por el final que le dio.
No había terminado Loco h su narración, cuando por una esquina del parque apareció la Chula, bamboleando las cadenas con ese ardor sensual cuando quería ser seductora, cuando llegó a la altura del grupo con ese desparpajo tan natural en ella sin ningún empacho dijo: -Hola Gaviero nos echamos unito.
Sin ningún arrobo él contestó: - ¡Por qué no! ¿Vamos? –Vamos- cuando la Chula trató de enganchar su brazo con el del gaviero, todos protestamos y casi que la linchamos. La respuesta de esta fue decirnos: - ustedes tan chimbos, no lo dejan a uno disfrutar un hombre de verdad. Paparazi, reviroro y ofuscado, dijo: - ¿Es que nosotros somos muñecos? -Voz no hables chimbo- fue la respuesta de la mujer, mientras caminaba alrededor de la rotonda del parque mientras interrogaba: - bueno y que brindan aquí- alguno le alargó cuncho que había aportado Loco H. Viendo lo poco que quedaba de licor exclamó burlona: - estos bohemios hoy están pelados. Al escuchar la burla de la Chola, el Gaviero sacó su billetera y extrajo cien dólares, blandiendo el billete dijo: - ¿esto alcanza para algo? Michihua casi le arranca la mano con el billete y con este en su poder, preguntó: -¿qué traigo? ¿Qué traigo?- Casi todos dijimos a coro: - aguardiente…aguardiente. Con la euforia de saber que habriá suficiente licor por esa noche, Yeso arrancó a cantar una balada de los años sesenta, que todos acompañamos con un desencore total. En pleno éxtasis bohemio, WCuarenta propuso hacer una calilla para agasajar a tan magnánimo visitante; todos a coro y con aplauso aceptamos la proposición y aquí quiero hacer un alto en el relato para explicar en qué consiste una calilla.
El calilla es un plato muy exclusivo de nuestro pueblo. Sus ingredientes principales son arroz, macarela, papa criolla o amarilla, cebolla junca, manteca, agua y sal, guisado generalmente a la orilla de un río; en un principio fue el plato preferido de los adolescentes quienes antes de partir a un paseo al río, asaltaban la alacena de la casa y con ollas al escondido, preparaban la deliciosa manjar, entre cuentos risas y uno que otro desliz. Esta costumbre fue pasando de generación en generación con pequeñas variantes, la facilidad de su preparación y la económico de sus ingredientes lo volvieron un plato típico de la región. Del nombre podemos decir que existen dos versiones: unos aseguran que era la marca de una poderosa firma distribuidora de víveres; mientras otros aseguran que era el nombre que recibia el arroz de primera calidad.la tarea de descubrir cuál es la versión correcta, la dejo a los estudiosos de las costumbres de mi pueblo. Ahora continúo con el relato de la visita del Gaviero. En pleno éxtasis de la bohemia, ese éxtasis que produce el licor antes de embriagarnos, por una de las entradas del parque apareció uno de los sujetos más representativos de la bohemia, Ruñidita acompañado de Tanque, y arribó diciendo: - bien querida, bien querida, la reunión… ¿y que celebran? – estár vivos_ contestó el indio. – A cosa por H.P. a ver ¿dónde está el trago? La chola le alargó el cancho de Loco H, donde apenas sólo quedaban dos tragos. En esas estaban cuando apareció Michihua con dos garrafas de aguardiente, una en cada mano. La algarabía fue total cuando Michihua destapó la primera botella y comenzó a repartir licor. La olla posposiaba en el improvisado fogón. Expeliendo aquel delicioso aroma, que nos enervaba los sentidos, aun más que ni el mismo licor, las llamas chisporroteaban, agitadas por un contertulio, deseoso de acelerar la cocción del Subgeneris Yantar.
Nizar inició a cantar el carro que quepan ocho, todos comenzamos a bailar, palmotear, correar; en fin, el éxtasis era general, hasta el Gaviero se entusiasmo y comenzó a bailar con la Chula. Eran casi las tres de la madrugada del martes, cuando aparecieron los dos vehículos que habían partido en busca del mecánico; Gato Sucio manejaba uno de estos haciéndolo ronronear casi como cuando salió de la fábrica. Algunos de los miembros de la comitiva se acercaron a la festiva reunión, fueron recibidos con el néctar de baco; algunos recibieron otros no. Quien parecía ser el jefe llamó la atención del Gaviero, este eufórico lo invitó a compartir el banquete diciendo: -Venga jefe pruebe un calilla, porque esto no me lo pienso perder. Todos a coro invitamos a los miembros de la caravana a unirse al festejo.
El calilla se repartió en forma tan espontanea como lo hacemos siempre, improvisando platos y cubiertos; algunos comimos con los dedos, otros sacaron la cédula para improvisarla como cuchara, otros buscaban palillos para hacerlo a lo chino, el hecho fue que en la olla no quedó ni el raspao.
Tras la frugal cena, el jefe de la caravana ordenó partir; el Gaviero se despidió prometiendo volver si alguna vez los avatares de la vida se lo permitieran.
Todos fuimos desfilando, ya en las botellas no quedaba nada, y en los picos de la montaña, el Espejuelo, la aurora nos anunciaba que un nuevo día se acercaba.
Mientras me alejaba del parque sentía una eufórica alegría de haber conocido a tan controvertido personaje llamado el Gaviero. Realmente ha sido una bohemia espectacular- me repetía mientras colocaba la cabeza en la almohada.
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